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El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), es uno de los trastornos más frecuentes que afecta al neurodesarrollo, dañando principalmente el área prefrontal del cerebro, específicamente dos funciones cognitivas: la atención y las funciones ejecutivas. En Chile, según algunos estudios, el TDAH se presenta en alrededor del 10% de los escolares, cifra muy superior al 4% promedio mundial.

¿Cómo se manifiesta?

Este trastorno se puede manifestar en 3 subtipos:

  1. Déficit atencional con hiperactividad:  La mayor parte del tiempo el niño se encuentra inquieto, en constante movimiento, interrumpe conversaciones o diferentes actividades, presenta dificultad para esperar su turno, pueden presentar torpeza, frustración, etc.
  2. Déficit atencional del tipo inatento: Falta de atención predominante, dificultad para sostener la concentración, dificultad para seguir instrucciones, se distrae fácilmente, a momentos pareciera no escuchar incluso cuando se les habla directamente, es común que olviden instrucciones, pérdida de elementos, etc.
  3. Déficit atencional combinado: Se caracteriza por conductas hiperactivas e impulsivas, así como también la falta de atención. Es el tipo más frecuente.

 

¿De qué forma podemos ayudar a un niño diagnosticado con TDAH?

Si bien existe un tratamiento farmacológico que debe guiar un profesional idóneo, el tratamiento hacia un niño con TDAH comienza mucho antes y con una mirada que incluye a la familia. En este sentido, es fundamental comprender que la atención es la puerta de entrada de todo proceso cognitivo, una dificultad que los niños no eligieron y que ni siquiera logran entender y comprender en cómo les afecta. Por tanto, el primer paso comienza por los cuidadores, quienes deben trabajar la comprensión y aceptación de la sintomatología, evitando reproches, etiquetas y/o castigos cuando los niños no logran finalizar lo que comienzan, no logran concentrarse y obtienen bajos resultados en su rendimiento escolar, cuando parecieran estar en la nubes y no logran comprender las instrucciones que les entregamos, etc.

Por lo tanto, la invitación es, a tomar conciencia y así evitar caer en etiquetas e interpretaciones erradas que podría hacer el menor en torno a su autoimagen, autoestima y relaciones interpersonales. Ya que las consecuencias de este déficit no sólo son a nivel conductual, que es lo que principalmente se observa, sino también emocionales y de pensamientos.

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